Después de lo que fue una dura derrota en José Ingenieros ante Almagro, Nacho González metió mano en el albo, y cambió nombres y sistema de juego. Adentro Schmitt (de buen debut), Stefanatto y Gimenez, y estreno en el torneo para el 4-2-3-1, táctica muy usada por Pepe Romero su último tiempo en el albo.
En un primer tiempo parejo, All Boys fue un poco más, y si bien se luchó más de lo que se jugó, tuvo la más clara en los pies del incansable Maxi Salas. En la gloria Blanco quedaba muy lejos de los puntas, y el equipo lo sentía.
El complemento mostró un Instituto mucho más adelantado y compacto, con una buena versión de Ricky Blanco en su vuelta al Islas Malvinas. Precisamente fue el 10 cordobés quien, de zurda, estuvo muy cerca de convertir el primero.
Los minutos pasaban, y el blanquinegro no sabía como lastimar a un Instituto que era decididamente mejor. Nacho González mandó a la cancha a Sandoval y Castro, y fueron dos revulsivos importantes. Sandoval era pura explosión por la derecha, y Castro tuvo la más clara al estrellar un derechazo en el travesaño.
También hubo tiempo para que Germán Lesman vuelva a pisar Floresta, y la gente le devolvió silbidos, mostrando su descontento con la forma en que se fue el goleador. Cuando el partido se moría, y el empate era casi un hecho, Canuhé pidió la pelota en un tiro libre, y con un zurdazo inatajable sentenció la historia. Ganó All Boys, que sigue en deuda futbolísticamente, y sabe que deberá mejorar.